viernes, 12 de agosto de 2011

"No és 'crisis', és capitalisme"

 Así era una de tantas consignas en las marchas convocadas por el 15M, y está claro que su simpleza no le resta veracidad. Los estallidos continuan y en esta ocasión han sido Chile e Inglaterra. En el país nuestroamericano las causas han de buscarse en la sistemática aplicación de políticas neoliberales en uno de los aspectos más importantes y estratégicos de toda Nación, la educación, que es tratada no como un servicio a la sociedad, muchísimo menos como un derecho, sino como un "bien de consumo" (no soy yo quien lo dice, es el propio Piñera, hace menos de un mes).
Tomado de arrugarpm.blogspot.com - Post de Febrero de 2011
"Todo depende del cristal con que se mire"
 En Inglaterra no están claras las causas, ni siquiera lo está el inicio, que estaría vinculado a un caso nada esclarecido de agresión policial que acabó con la muerte de un joven afroamericano. Se llegó a decir que el joven había disparado a la policía pero en las pericias balísticas consta que el arma que le encontraron no corresponde con la bala encontrada en el patrullero supuestamente atacado. El inicio, en realidad, poco importa,  son las causas las que habrían de analizarse. Equiparar estas revueltas sociales con las ocurridas de la mano de los Indignados de Grecia, España o las últimas en Israel, parecería un error y mucho más lo parece comparar la crisis británica con la crisis argentina de 2001 ¿Por qué parece un desatino? Porque en el caso de estas protestas británicas, pareciera que el afán de lucro, la necesidad de tener para ser y la consecuente desesperación por no-ser precipitaron en buena medida los acontecimientos.
 "Los violentos serán castigados por la ley", dijo Cameron, pero evitó decir fue de qué violencia hablaba. Me refiero a que todos podemos estar de acuerdo en que el romper una vidriera para saquear una tienda de zapatillas costosas o de teléfonos móviles, incendiar coches y causar desmanes constituye un acto violento... lo que parece no estar demasiado claro es si estar desocupado, no contar con un seguro de desempleo y vivir ametrallado por propagandas y publicidades que nos demuestran que vivir sin tales zapatillas es un absurdo o que si no se tiene tal teléfono no vale la pena existir, en fin, si estas artimañas del sistema no son también formas de violencia.
 En Chile los estudiantes están peleando por el derecho a la educación de todos, mientras que en Inglaterra la mayoría de los desmanes parecen estar vinculados al derecho mío de tener lo que yo quiera sin importarme lo que le pase al otro (y si no vean el video del joven agredido que es ayudado por un muchacho y acto seguido, entre éste y otro, le roban lo que llevaba en la mochila). Tanto en el 2001 argentino como en las movilizaciones de los Indignados, el pueblo no fue el lobo del pueblo, sino que se enfrentó con el poder y la policía; en Inglaterra asistimos a fenómenos de desintegración social que, cual síntoma, revelan la dirección del paradigma individualista del neoliberalismo y de occidente.
 Pese a todo, me parecen muy simplistas los análisis que se hacen en Argentina de lo que sucede en Londres y quizá también lo sea este análisis mío, que no destaca los hechos de cohesión ciudadana que también sucedieron: se formaron grupos de protección de barrios, en ocasiones formados por colectividades más o menos homogéneas, aunque también se generaron grupos multiculturales con el objetivo de proteger los espacios y negocios del barrio.
 Pese a todo, desde este espacio, denuncio la falta de profundidad en la mayoría de los informes que he podido ver acerca de lo que pasaba en el viejo continente, así como los discursos triunfalistas que muestran a nuestra sociedad argentina ilusoriamente lejos de estos fenómenos de desintegración cuando lo que estamos viviendo son tiempos de bonanza, no debidos sólo a "viento de cola" (el alto precio de nuestros commodities) pero tampoco propiedad exclusiva de las políticas del mentado-hasta-el-putísimo-hartazgo, el archi-recontra-inflado "'<<MODELO>>'" (al que ya le voy a dedicar una entrada).
 Ojalá los hermanos chilenos consigan cambios en las políticas de 'txirolita' Piñera y ojalá los analistas argentinos se den un baño de humildad a la hora de abordar ciertas problemáticas complejas. Cierto es que la distancia otorga perspectiva para valorar los fenómenos, pero también puede que nos engañe al pensar que las cosas son tan simples como aparentan.
                                   
 Barcelona, 12 de agosto  

lunes, 1 de agosto de 2011

Ante tanta ignominia... "hay que compadecerlos"




HAY QUE COMPADECERLOS

No saben.
¡Perdonadlos!
No saben lo que han hecho,
lo que hacen,
por qué matan,
por qué hieren las piedras,
masacran los paisajes…
No saben.
No lo saben…
No saben por qué mueren…

Se nutren,
se han nutrido
de hediondas imposturas,
de cancerosos miasmas,
de vocablos sin pulpa,
sin carozo,
sin jugo,
de negras reses de humo,
de canciones en pasta,
de pasionales sombras con voces de ventrílocuo.


Viven
entre lo fétido,
una inquietud de orzuelo,
de vejiga pletórica,
de urticaria florida que cultiva el ayuno,
el sudor estancado,
la iniquidad encinta.


No creen.
No creen en nada
más que en el moco hervido,
en el ideal,
chirriante,
de las aplanadoras,
en las agrias arcadas
que atormentan el éter,
en todas las mentiras
que engendran las matrices de plomo derretido,
el papel embobado
y en bonina.

Son blandos,
son de sebo,
de corrompido sebo triturado
por engranajes sádicos,
por ruidos asesinos,
por cuanto escupitajo se esconde en el anónimo,
para hundirles sus uñas de raíces cuadradas
y dotarlos de un alma de trapo de cocina.

Solo piensan en cifras,
en fórmulas,
en pesos,
en sacarle provecho hasta a sus excrementos.
Escupen las veredas,
escupen los tranvías,
para eludir las horas
y demostrar que existen.

No pueden rebelarse.
Los empuja la inercia,
el terror,
el engaño,
las plumas sobornadas,
los consorcios sin sexo que ha parido la usura
y que nunca se sacian de fabricar cadáveres.

Se niegan al coloquio del agua con las piedras.
Ignoran el misterio del gusano,
del aire.
Ven las nubes,
la arena,
y no caen de rodillas.
No quedan deslumbrados por vivir entre venas.
Sólo buscan la dicha en las suelas de goma.
Si se acercan a un árbol no es más que para mearlo.

Son capaces de todo con tal de no escucharse,
con tal de no estar solos.

¿Cómo
cómo sabrían
lo que han hecho,
lo que hacen?

¿Algo tiene de extraño
que deserten del asco,
de la hiel,
del cansancio?

Solo puede esperarse
que defienden el plomo,
que mueran por el guano,
que cumplan la proeza
de arrasar lo que encuentren y exterminarlo todo,
para que el hambre extienda sus tapices de esparto
y desate su bolsa ahíta de calambres.

Son ferozmente crueles.
Son ferozmente estúpidos…
Pero son inocentes.

¡Hay que compadecerlos!

                                                  Oliverio Girondo - "Persuasión de los días"